A DÓNDE QUEREMOS IR

Armando Ribas, abril de 2015.


Para el que no sabe donde va, no hay viento favorable.

Séneca

Cada día que pasa se hace más obvio en el mundo la concepción de Nietzsche respecto a que democracia y socialismo son lo mismo. No puedo menos que coincidir con ese criterio, pues a mi juicio es un error trascendente el considerar que la libertad surgió de la democracia. Pero hoy la confusión reinante facilita a la izquierda apropiarse de la ética en nombre del pueblo, y los que estamos en contra somos antidemocráticos. Y a los hechos me remito, el llamado estado de bienestar es la causa de la crisis de la Unión Europea. El Estado de Bienestar no es más que el socialismo por la vía democrática, tal como lo definió Eduard Bernstein en 1.899. Como bien señalara The Economisst recientemente: “El problema de la Unión Europea es el sistema, y el que lo quiere cambiar pierde las elecciones”. Y en América Latina ahí tenemos a Maduro, a Santos, a Correa, a Dilma y más recientemente a la Bachelet como bache letal en Chile mediante su hijo. Y en Argentina …. Este análisis no implica desconocer los derechos al sufragio, pero cuando a través de ellos se logra instaurar el socialismo tenemos la realidad del pensamiento de Nietzsche.


Creo fundamental entonces hacer una descripción del sistema político que transformó al mundo y que, iniciado en Inglaterra con la Glorious Revolution de 1688, se llevó a sus últimas consecuencias en Estados Unidos con la Constitución de 1787 y el Bill of Rights de 1791. Y, oh sorpresa, Argentina fue el tercer país en llevarlo a cabo con la Constitución de 1853-60.


Comencemos entonces a definir las ideas que constituyeron los principios fundamentales de esa institución que en Estados Unidos se denomina el Rule of Law. La primera idea básica se sustentó en la noción de la falibilidad del hombre, y por ello fue Locke quien propuso la necesidad de limitar las prerrogativas del Rey, pues los monarcas también eran hombres. Por ello Hamilton en el Federalista escribió: “Una peligrosa ambición subyace bajo la especiosa máscara de los derechos del pueblo”. Y Thomas Jefferson consciente de esa realidad dijo: “Un despotismo electivo no es el gobierno por el que luchamos”.


Entonces James Madison rescató el principio del respeto por los derechos individuales como presupuesto de la libertad y en la Carta 51 escribió: “En una sociedad bajo la forma de la cual la facción más poderosa puede rápidamente unirse y oprimir a la más débil, puede decirse que verdaderamente reina la anarquía como en el estado de naturaleza, donde el individuo más débil no está seguro frente a la violencia del más fuerte”. Y en la 10 había escrito: “Hombres de temperamento faccioso, de prejuicios locales, o de designios siniestros, pueden por intriga, o por corrupción, o por otros medios, primero obtener los sufragios, y luego traicionar los intereses del pueblo”. Y estos conceptos fueron reconocidos por Aristóteles hace 2.500 años cuando en la Política escribió: “Cuando el pueblo se hace monarca, actúa como tal, viola la ley y desde entonces los aduladores del pueblo tienen un gran partido”.


Los principios anteriores muestran a las claras la consciencia de los “Founding Fathers” respecto a la falacia de la democracia mayoritaria, tal como lo había expuesto Davis Hume: “El problema no son las mayorías sino las asambleas que pretenden representarlas”. Por esa razón y siguiendo el pensamiento de Hume sobre la naturaleza humana cuando dijo: “Es imposible el cambiar o corregir algo material en nuestra naturaleza, lo más que podemos hacer es cambiar nuestra situación o circunstancia”. Madison definió al gobierno y escribió: “Si los hombres fueran ángeles no sería necesario el gobierno. Si los ángeles fueran a gobernar a los hombres ningún control externo o interno sería necesario. Al formar un gobierno que va a ser administrado por hombres sobre hombres, la gran dificultad yace en esto: Usted. primero debe capacitar al gobierno a controlar a los gobernados; y en segundo lugar, obligarle a controlarse a sí mismo”.


De esa clara concepción surgió claramente la función primordial que tiene el poder judicial para decir qué es la ley de conformidad con la Constitución: “Toda ley contraria a la Constitución es nula” (Marshall). Esa República denominada en Estados Unidos The Rule of Law, es hoy confundida como el capitalismo. O sea tal como lo expuso Marx la explotación del hombre por el hombre. Se ignora que el sistema no es económico sino que la economía es el resultado del comportamiento del hombre de conformidad con el sistema ético, político y jurídico en el que se desarrolla. Y en una segunda instancia no menos desfavorable se confunde con la democracia mayoritaria a la que ya nos hemos referido.


Pero ante esa sabiduría de la implementación de los anteriores principios expuestos, surgió la libertad individual y se tomó la concepción de que el Estado no existe como una entelequia que define la ética y los derechos del pueblo. Así ante la conciencia de que el gobierno está formado por hombres se definió la necesidad de limitar el poder político y consecuentemente el respeto de los derechos individuales, a la vida, la libertad, la propiedad y el derecho a la búsqueda de la propia felicidad.


El derecho a la búsqueda de la propia felicidad fue considerado por Locke como el principio fundamental de la libertad. Ese derecho implica la aceptación ética de que los intereses privados no son contrarios al interés general y de ahí surge otro principio fundamental y es el no confundir la moral con la justicia. La justicia es un aprendizaje de la historia (Hume). En reconocimiento de esa realidad Alberdi escribió: “El egoísmo bien entendido de los ciudadanos es un vicio, sólo para el egoísmo de los gobiernos que forman los estados”.


Igualmente Alberdi reconoció el derecho a la búsqueda de la felicidad y al respecto dijo: “Las sociedades que esperan su felicidad de la mano de los gobiernos, esperan una cosa contraria a la naturaleza”. Y este principio fundamental está reconocido en el artículo 19 de la Constitución Nacional: “Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofenden al orden y a la moral pública, ni perjudican a terceros, están solo reservadas a Dios, y exenta de la autoridad de los magistrados”.


Una vez que sabemos cuál es el sistema político de la libertad, tal como lo hemos descrito y se encuentra en nuestra Constitución de 1853-60, queda pendiente cuál es la forma de lograr imponerlo políticamente. Lo primero es tratar de convencer a la sociedad de la validez de ese proyecto de libertad. Y en ese sentido tenemos que tomar conciencia de que nos encontramos ante un mundo en el que la izquierda se ha apropiado de la ética en nombre de la falacia de la igualdad económica y de los derechos del pueblo.

Ya debiéramos saber que la supuesta igualdad económica solo constituye un proceso demagógico para lograr el poder político, y hacerse rico en el Estado. Igualmente Alberdi había tomado conciencia de esa realidad y al respecto escribió: “Hasta aquí el peor enemigo de la riqueza del país, es la riqueza del Fisco”. En ese sentido diría que se había percatado de que existe una correlación inversa entre el crecimiento económico y el nivel gasto público respecto al PBI. Esa situación la enfrenta hoy Argentina donde el año pasado el gasto público habría alcanzado al 53% del PBI. Igualmente la Unión Europea enfrenta esa situación y dado el elevado nivel del gasto público que en Francia alcanza al 57% del PBI hoy tiene una deuda impagable y no crece. Como reconociera George Gilder el gasto público no forma parte del producto, sino del costo de producir.


Por tanto una vez que conocemos la razón de ser del incremento de la riqueza en el mundo surgido hace tan solo uno doscientos años, la pregunta pendiente es cómo hacer para implementarlo. Lo primero que tenemos que hacer es que los políticos tomando conciencia del mismo propongan el proyecto político a seguir. Esas son las ideas que llevaron a la Argentina a los primeros lugares del mundo. Y en nuestro caso rescatar ante la sociedad el hecho indubitable del Milagro Argentino logrado entre 1853 y principios del siglo XX llevado a la realidad por Alberdi, Mitre, Sarmiento y Urquiza. Por supuesto creo que una función adicional de los empresarios es contribuir directa o indirectamente a la defensa de estas ideas que le permitirán vivir en un mundo en el que se les reconozca definitivamente el derecho de propiedad.