INSTITUCIONES, VALORES Y DINERO

Armando Ribas, diciembre 2013

No me queda más remedio que insistir en un tema que considero de la mayor importancia y que es la compresión de la naturaleza del sistema ético político que cambió la historia del mundo. E insisto, ético político, pues la economía y por consiguiente también la tecnología es el resultado del sistema. En el que se desenvuelve la actividad de los hombres.

Fue David Hume quien sabiamente previó que no se puede cambiar la naturaleza humana, por ello si se pretende cambiar los comportamientos se requiere cambiar la situación. Ese principio es fundamental y de ahí surgieron las ideas a partir de las cuales se constituyeron las instituciones que permitieran la libertad y la creación de riqueza por primera vez en la historia.

En ese sentido creo que tenemos un problema pendiente con la definición de instituciones. Cuando se habla de instituciones en términos genéricos, en si se desconocen las que corresponden a lo dicho anteriormente. Si nos referimos al diccionario de La Lengua Española, nos encontramos con una serie de definiciones de la palabra institución, que desde el punto de vista político nos dejan políticamente inertes. El problema pendiente es comprender cuales fueron las instituciones que cambiaron al mundo. Así recuerdo que cuando se dice que lo que importa es la ley, lo que realmente importa es cuál es la ley. No es lo mismo una ley que regula el tránsito, que una que nos dice a donde tenemos que ir. (Hayek).

Ya debiéramos saber que el Estado de Bienestar es marxismo sin revolución y por supuesto sin dictadura del proletariado. Podemos decir pues que es institucional, pero indudablemente que esa instituciones son la antítesis de las que constituyen el llamado Rule of Law. O sea el sistema que fuera llamado por Marx capitalismo y descalificado éticamente como la explotación del hombre por el hombre. Como bien dijera Thomas Sowell “el record de fracasos del socialismo es tan obvio, que solo los intelectuales pueden ignorarlo.” Y si alguna duda cabe de esa realidad basta analizar la crisis europea en la medida que se fue imponiendo el Estado de bienestar, y por consiguiente el aumento del gasto público a niveles promedio del 50% del PBI.

La crisis de la Unión Europea es un hecho indiscutible y producto del sistema y como dijera The Economist el que lo quiere cambiar pierde las elecciones. Así la Sra Merkel después de su rotundo triunfo en las recientes elecciones alemanas ahora ha decidido que los bancos no serán salvados de sus crisis por el sector público. Por supuesto para la izquierda una vez más las crisis son producto de la avaricia de los banqueros. Pero debiera recordar como Milton Friedman culpara al Federal Reserve de Washington por la profundidad de la crisis del treinta, por haberse negado a financiar al sistema bancario.

Pero el problema más trascendente es que en nuestra supuesta civilización Occidental la izquierda se ha apropiado de la ética, y diría que la mal llamada derecha comete el error de defender la libertad en términos económicos. Se ignora así que el mercado solo existe donde se respetan los derechos de propiedad, y por supuesto el principio fundamental de la libertad que es el derecho a la búsqueda de la felicidad. En ese sentido me voy atrever a desacordar con la Escuela Austriaca en su posición de definir al mercado como el producto de la espontaneidad. La espontaneidad del comportamiento depende del sistema en el cual se encuentra el individuo. Por ello considero que la discusión sobre la racionalidad del mercado es vacua. La racionalidad implica el reconocimiento no solo de los objetivos, sino que tiene que tomar en cuenta todos los factores que la condicionan. Desde ese punto de vista no debe de haber dudas de que cuando el gasto público ronda el 50% del PBI la racionalidad se transforma.


Al respecto debemos recordar a Hyman Minsky, citado or Kindleberger en su “Manías, Pánicos y Crashes”. Allí Mynsky sostiene que los eventos que determinan una crisis comienzan por lo que denomina un “displacement”. Así lo define como un shock exógeno y da una serie de ejemplos tales como el inicio o el final de una guerra, una gran cosecha o un fracaso de la misma, una invención que se traslada etc. En la actualidad yo diría que el “displacement” no me cabe la menor duda que sería el nivel del gasto público.

Pero he aquí que cada vez más el llanto por los pobres se ha constituido en el camino al poder, tal como ya lo había previsto Aristóteles en su análisis de la demagogia. Y no voy a hacer juicios de valor sobre la personalidad de los que proponen el socialismo, sino tan solo recordar que la descalificación ética del dinero proviene ya del marxismo. Marx en el Manifiesto Comunista escribió como descalificación ética: “La burguesía donde quiera que haya tomado el poder ha dejado no otro nexo entre hombre y hombre que el interés propio, el insensible nexo del efectivo”.

La expresión anterior constituye la descalificación ética del derecho a la búsqueda de la felicidad, que para John Locke era el principio fundamental de la libertad. Debo recordar que en la Populorum Progressio ya se había descalificado ese principio y en palabras propias del Manifiesto decía: “Los hombres solo se unen por interés”. De ese presupuesto surgieron los documentos de Puebla y finalmente la Teología de la Liberación. Esa fue descalificada recientemente por Benedicto XVI.

En fin se pretende descalificar la creación de riqueza por ser el resultado de la avaricia de los capitalistas, en tanto que se ignora la avaricia de la voluntad de poder. Creo que el mejor ejemplo de esa realidad es Fidel Castro que parece proyectarse al mundo como un protector de los pobres, y tanto así que Benedicto XVI lo mando a felicitar por estar a favor de los pobres y de la solidaridad. Así igualmente se ignora cómo destruyó la riqueza en Cuba creando más pobres. Y ni el ni su hermano participan de la tristeza de los cubanos que viven hoy en Cuba bajo un régimen totalitario.

Permítanme recordar un principio fundamental expresado por Hanna Arendt: “Cuando se violan los derechos individuales en nombre de la compasión, desaparecen la justicia y la libertad”. Y esa es la realidad que vive hoy Venezuela y se intenta en otros países de América Latina. Y no olvidemos la corrupción que prevalece hoy en Bruselas, tal como lo expuso recientemente el Instituto CATO.

Entonces la otra palabra que tiende a confundir es la expresión de valores, en tanto que estos se toman por dados. A partir de ese concepto todo interés individual aparece como un des valor, en tanto que solo la compasión sería un valor. Se desconoce así la brillante diferenciación que hizo Hume entre justicia y moral. Así reconoció que la justicia es un aprendizaje de la historia, basada en el reconocimiento de la naturaleza
humana. La moral por tanto no es racional y la sociedad no se puede basar en ella.

Todo parece indicar que desde ciertos puntos de vista el gobierno comunista chino se ha percatado de la realidad del ser humano, y en función de ese aprendizaje ha adoptado lo que se conoce como economía de mercado. Como dije antes no acepto esa definición pues la misma es el reconocimiento y respeto por los derechos de propiedad. Sólo por esa causa le ha sido posible convertirse en la segunda economía mundial y crecer al 9% por año en los últimos veinte años, no obstante que existen otros derechos democráticos que no se respetan, tales como el límite al poder político.